
A veces me demoro mucho más de la cuenta, abanicando el cuello roto de la soledad debería ser mucho más sencillo si las sombras que dejaste mi amor no disparan besos calibre 22.Mis doctores recetaron sobredosis de olvido y unas vacaciones pagas en el hospital de las princesas heridas. Por eso vos, tomate tu tiempo, quédate bien cerca de los mejores besos y las buenas botellas. Trépate a esos trenes que no van ni vienen. Date por muerto en cada espejo, perderte de vista y volverte a empezar y sabe que mañana te puede tocar.

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