
Hace algunos años, una revista de Buenos Aires publicó una fotografía de Ernesto Sabato. Pequeño y solitario, encogido en un banco, aguardaba el tren. La imagen me proponía una metáfora que ahora sugiero como punto de lanzamiento para iluminar los dominios de este escritor y su obra: un Gran Niño Solo espera un Tren que Nunca Llega.
Observo al niño que, en este Universo saqueado, aún confía en la restitución del honor y de la fe, y al hombre de áspera melancolía que más tarde habita en la patria del rebelde. Oscar Wilde decía que todo hombre nace rey y muere en el exilio. La nostalgxa de absolutos destrozados y la tensión que produce la búsqueda endemoniada de un sentido de la existencia, constituyen la base de la cosmovisión sabatiana. Atmósfera común en la mayoría de los escritores totales, aquí se origi-na en una desesperación extrema, alimentada en un aspecto por la idea; en otro, por la locura. Sabato piensa que la diferencia entre uñ novelista y un loco consiste en que el primero puede ir hasta la locura y volver. Lo sabe bien: estas idas y venidas permiten que la Razón sea presa de las tinieblas; la Historia, de la ficción y el propio autor, de su obra Devorándose mutuamente, arrancándose pedazos, conviven en el ámbito de los sueños o se debaten reflexivamente a la luz del día, Hacia 1970, la esposa del escritor, Matilde Kusminsky-Richter, en respuesta a una carta, me decía:
[i]"... Sabato es un hombre terriblemente conflictuado, inestable, depresivo, con una lúcida conciencia de su valer, influenciable ante lo negativo y tan ansioso de ternura y de cariño como podría serlo un niño abandonado. Esta necesidad casi patológica de ternura hace que comprenda y sienta de tal manera a los desvalidos y desamparados. Pero también -y debo subrayar que cada vez menos- es arbitrario y violento, y hasta agresivo, aunque creo que estos defectos son producto de su impaciencia (...). Para escribir, para liberarse de sus obsesiones y traumas necesita verse rodeado de un muro de cariño, de comprensión y de ternura (...) ha sido desde niño un alma meditativa, un artista. Con un interior melancólico, pero al mismo tiempo rebelde y tumultuoso. La ciencia lo límitaba en forma atroz, de modo que fue lógico haber buscado el único cauce que podía ayudarlo a expresar, a vomitar su tormento interior: la novela".[/i] A través de una abundante correspondencia, durante breves encuentros fuera del país, en reiteradas visitas a su vieja casa de Santos Lugares y hasta telefónicamente, he sostenido con Ernesto Sabato un diálogo personal que lleva más de veinte años. Antes de formularle las preguntas gue había escogido para esta entrevista, estaba seguro de conocer las respuestas. Una serie de ensayos que se inician con Uno y el Universo (1945) y culminan con Apologías y rechazos (1979), sumados a declaraciones y reportajes, contienen lo esencial de su pensamiento en relación con los grandes temas que lo han inquietado a lo largo de su vida. Asimismo, su intervención como presidente de la Conadep, organismo designado para investigar los crímenes cometidos durante la dictadura militar, constituye la puesta en acción de sus ideas con respecto al compromiso del escritor.
Me sentía un tanto frenado porque temía embarcarme en un cuestionario cuyas respuestas pudiera el lector hallar más claras y compactas en los libros. No obstante, a medida que avanzábamos en nuestras charlas, aquella prevención desapareció. Comprendí que mi real y secreto temor se había fundado en la imposibilidad de encontrar preguntas "originales":
En la conversación, Sabato introdujo cantidad de matices que correspondían a su humor del momento, lo cual permitió calibrar en vivo sus escepticismos y recusaciones, sus verdades y preferencias vinculadas a los problemas gue lo obsesionan.
En ocasiones, el orden e intención de mis preguntas tomaron rumbos imprevistos. La energía de Sabato, sus risas seguidas a menudo de repentinos descensos de temperatura y su invariable buena disposición, colaboraron para que yo acogiera sus palabras con el mismo asombro y exaltación de otros tiempos.
Ernesto Sábato nacio en un día único,el 24 de junio de 1911
Romina Alejandra
Ernesto Sábato nacio en un día único,el 24 de junio de 1911

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada