septiembre 12, 2008

20/9 Estadio Luna Park





http://www.clarin.com/suplementos/si/2008/09/12/3-01758171.htm

http://www.clarin.com/suplementos/si/2008/09/12/3-01758171.htm
Alguien que detenga este veneno
alguien que se deje lastimar
alguien que me arranque este pellejo
alguien que se deje lastimar
Darle alas a esta furia sin razón
Juego contra el ego y la palabra
rompo toda frase y su esplendor
inventando un golpe que desgarra
solo es un día sin color
Me exorciza un lápiz quebrado y un renglón
la hora se hizo larga y me estrangula el rencor
la hora se hizo extraña y me estrangula
No hay nada en esas caras
no encuentras el motivo para existir
la versión del amor se desgasta
mucho nada y seguir
Voy a ser perverso en mis deseos
nada me interesa bajo el sol
quiero componer mi pensamiento
tengo que volver a ser quien soy
Fue mi herida y la salvación esta canción
la tarde se fue consumiendo en llamas y ahí venció
la tarde se fue consumiendo en llamas
No hay nada en esas caras
no encuentras el motivo para existir
la versión del amor se desgasta
mucho nada y seguir
La paz me da la espalda
y entiendo que el silencio te pueda herir
hoy no soy el que gira en el aire para hacerte sonreir.

septiembre 11, 2008

9 días






Cruzando la frontera en esta ruta
me sumerjo en el santisimo infierno de felicidad.
Soles que chocan en big-bang infértil,
el placer del letargo desvelado en un divan.
hay la felicidad esta en el sol...ese desgaste justifica tu estadía,
buscando perversiones nuevas...




www.cielorazzo.com

septiembre 09, 2008

Horarios


Los lugares y los rostros se graban en las entrañas y los huesos; cada zona del cuerpo tiene sus recuerdos. Así, tan pronto como pienso en mi hombro derecho, aparecen el café Au Rêve y la cara del maître, enorme y redonda, que yo observaba sin cesar. La cara, por su parte, me miraba con esperanza pues nunca una mujer la habría mirado como yo, quien al mirarla sentía remordimiento por no visitar con más frecuencia el jardín zoológico.
No es solamente el hombrecillo de la sangrienta luna quien vaga perdido por mi hombro derecho sino también las viejas. Las viejas con sombreros viejos y apellidos viejos, las viejas con caras de pergaminos, de rollos del mar muerto, de payasos pintados como calaveras de azúcar. Sentadas en el Au Rêve, estrechaban contra sí andrajosos bolsos de baile de terciopelo con flores bordadas igual que sus figuras en mi hombro derecho.
Todos los mediodías hacían su entrada las viejísimas y exigían al maître agua caliente y azúcar mientras sacaban de sus bolsos pequeños envoltorios de papel de diario que contenían café en polvo. El maître de la luna roja se inclinaba reverente como si hubiesen pedido foie-gras: él conocía sus vetustos, rancios apellidos… (esta escena resucita cada vez que pienso en mi hombro derecho y si quiero puedo hacer que el gordo se incline cien veces).
Yo escribía poemas en el Au Rêve y aparentemente era una prisionera. El tiempo que tenía era sin ventana ni puerta: 12.40 horas a 13.50 horas. Yo escribía. Me rodeaban, además de las viejas, gentes promiscuas, que no dejaban de vigilarme aun si apenas me miraban. Me inflingían ruidos: los de los platos al romperse, los de las viejas golpeando con cucharitas contra las tazas, los indistintos provenientes de la calle y hasta las vociferantes órdenes del maître escarlata. Pero mi exaltación me aislaba y todo lo que me pasaba llevaba un halo, el que siempre atribuyo a los rostros y a las cosas que son mi fuente de encantamiento. Esta vez, sin embargo, el halo estaba dentro de mí, yo era su única dueña y podía bastarme a mí misma aunque anduviera por los bajos fondos de la realidad (como en el Au Rêve, por ejemplo). Asimismo, mi vida era idéntica a la imagen de mi vida que me había creado, con esperanza, en la infancia. Una imagen pueril, cierto, pero la coincidencia con el modelo real me inducía a no ser pueril. En el café Au Rêve yo fluía y me deslizaba; el muro se había vuelto río. Y para siempre en mi hombro derecho los éxtasis poéticos de 12.40 horas a 13.50 horas.


Probablemente 1971
Prosa completa. Editorial Lumen.




La Ale

septiembre 02, 2008

El ausente


La sangre quiere sentarse.
Le han robado su razón de amor.
Ausencia desnuda.
Me deliro, me desplumo.
¿Qué diría el mundo si Dios
lo hubiera abandonado así?

II

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.
Sin ti
me tomo en mis brazos
y me llevo a la vida
a mendigar fervor.



Tomado de «Las aventuras perdidas», en Obras completas. Poesía y Prosas,
introducción de Silvia Baron Supervielle, Buenos Aires, Ediciones Corregidor



Esa que no eres